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EL GOLPE CONTRA ALLENDE

 
 
Por: Ricardo T.

Salvador Allende, elegido Presidente de Chile en 1970, fue un demócrata revolucionario. Hombre honesto, fiel a sus principios, creyó en las bondades de las instituciones del Estado Chileno sobre los cuales la burguesía de esa nación erigió su poder. Confió en que esa clase social y quienes desde Washington pregonaban los “valores democráticos y la libre opción que tiene los pueblo de escoger libremente su destino”; respetarían la “vía pacífica”, asumida por él, rumbo a la construcción de una sociedad más justa e igualitaria para su país.

Tal quimera le costó la vida, la de miles de compatriotas; otros fueron desaparecidos, encarcelados, torturados o exiliados.

Más allá de la trágica experiencia chilena, treinta y ocho años después del golpe militar que derribó a Allende, el debate sobre lo que significó el gobierno de la Unidad Popular sigue abierto. Sociólogos, analistas, politólogos, investigadores; sostienen que la situación del continente ha cambiado para bien, que existe una correlación de fuerzas favorables a los cambios revolucionarios, que los golpes de Estado son cosas del pasado, imposibles de suceder en el presente, a pesar que Honduras y Ecuador nos lo recuerdan.

El debate tiene plena validez en nuestros días ya que otro importante, e inédito  experimento de “tránsito pacífico” hacía el socialismo” tiene lugar en la parte Norte de América del Sur, impulsado por Hugo Chávez, Comandante de la Revolución Bolivariana.

ANTECEDENTES DE UNA ELECCION

Allende, fue un médico que se dedicó a la política. A comienzos de los años 30 participa en la creación del Partido Socialista. Por su militancia de izquierda sufrió encarcelamientos y es deportado a la Ciudad de Caldera en 1935. De allí regresaría a Santiago para asumir el Ministerio de Salubridad Pública en 1939.
En tres oportunidades se presenta como candidato a la presidencia de la República fracasando en el intento por obtenerla.

En 1969 crea la Unidad Popular, una alianza electoral y programática entre Socialistas, comunistas y radicales. El nuevo Movimiento germina rápidamente entre los sectores populares. Avizorando el peligro que tal alianza significa para los intereses de los potentados; la reacción interna y el gobierno de los Estados Unidos dispara las tempranas alarmas.

A través de agentes infiltrados, por medio de sobornos brindados generosamente a dirigentes de la UP, tratan de impedir la elección de Allende como candidato presidencial, para las elecciones de 1970. Esta parte del plan se frustró. Por amplia mayoría la coalición unge a Salvador Allende como su candidato oficial.

El siguiente paso de la derecha confabulada es evitar el triunfo electoral de la Unidad Popular. Todas las armas serán válidas en tal propósito. Comienza una ensordecedora campaña mediática anticomunista con el propósito de restarle popularidad y votos al candidato. Aunque los enemigos de Allende no pueden impedir la victoria en las urnas, ésta se produce por un estrecho margen: 36.6% de los sufragios, frente al 34.6% de su contendor  Jorge Alessandri.

La Constitución Chilena de la época contemplaba que de no haber una mayoría absoluta por parte de uno de los candidatos; le correspondía al Congreso Nacional nombrar al Presidente, escogiendo uno, de los dos candidatos que habían alcanzado mayor votación.

La disputa para la elección presidencial se traslada a esa corporación; entre tanto en la plaza pública los seguidores de uno u otro aspirante miden fuerzas a través de manifestaciones y contra manifestaciones; marchas y contramarchas que terminan en trifulcas con alto saldo de heridos y contusos.

En medio de la delicada situación de orden público, Allende es obligado a ceder espacio a la derecha. Habiendo un compromiso por medio; el parlamento elige y ratifica a Allende como Presidente Constitucional de Chile. Hacerse al gobierno, en aquel contexto nacional e internacional es un logro significativo. La lucha por el poder, recién comienza.

El país queda polarizado en dos bloques nítidamente definidos: revolución y contra-revolución. Las Fuerzas Armadas “serían garantes” del acatamiento y respeto de la Constitución y las leyes.

EL GOBIERNO DE LA UNIDAD POPULAR

Cinco puntos básicos estructuraban el proyecto de gobierno:
1. Estado Democrático.
2. Reforma Agraria.
3. Nueva economía para la protección social.
4. Avances en: salarios, seguridad social, salud, vivienda, cultura y educación para el pueblo.
5. Plena autonomía política y económica del país con acento antiimperialista.

El 3 de noviembre de 1970, Salvador Allende  asume el cargo. Las promesas electorales de nacionalización se traducen en realidad palpable; empresas textileras, siderúrgicas, bancos, industrias, minas; pasan a manos del Estado; comienza  la reforma agraria; se aumentan sueldos y salarios; en el plano internacional, abre relaciones con Cuba, Corea del Norte y China.

INJERENCIA EXTRANJERA Y OPOSICION INTERNA

La oposición no se cruza de brazos, sin pérdida de tiempo se adhiere al plan gringo de desestabilización del país. Henry Kissinger, jefe del Departamento de Estado del Presidente Richard Nixon, ordena a la Agencia Central de Inteligencia (CIA), desestabilizar y tumbar el gobierno comunista, encabezado por Salvador Allende, en tal sentido dicho personaje despacha instrucciones a la embajada Norte Americana en Santiago, para coordinar las actividades correspondientes al logro del objetivo.

A través de las empresas Transnacionales, principalmente de la ITT (teléfono y telégrafos), se encausan los recursos económicos destinados a financiar a los conspiradores; miles de millones de dólares entran por esa vía. Cientos de asesores y personal militar enmascarado llegan al país en cumplimiento de la misión.

El saboteo, las provocaciones, las movilizaciones de la derecha, la cooptación de grupúsculos radicales de izquierda, el reclutamiento de militares, congresistas, altos funcionarios del Estado, clérigos y opositores en general, se convierte en tarea primordial de los complotados donde juega papel destacado el Partido Democristiano de Eduardo Frey.

Al asesinato, en noviembre de 1971, del ex ministro del interior Eduardo Pérez, se suman los continuos paros patronales del transporte pesado, los “cacerolazos” y manifestaciones encabezadas por las encopetadas esposas de la oligarquía y de altos militares” que se niegan a reprimir movilizaciones no autorizadas por el gobierno.

En el parlamento los “izquierdosos” coinciden con la derecha en la votación para derogar leyes revolucionarias e impedir que se aprueben otras con contenido social y en defensa de la revolución.

NUBARRONES GOLPISTAS

La situación económica empeora en 1972. La inflación, el desempleo, la fuga de divisas, la especulación y el acaparamiento, sabotajes y paros laborales aumentan sin control alguno por parte de las autoridades. El caos producido por los conspiradores va en aumento. La injerencia extranjera se torna abierta y descarada.
La lucha de clases que vive Chile tiene vida propia en los cuarteles.

En junio de 1973 se produce una intentona golpista sofocada por la oportuna intervención del General Carlos Prats, quien sería asesinado poco después.

Los obreros, campesinos y sectores populares exigen armas para defender la revolución. Una ley recién aprobada, lo impide. Allende cree todavía en la “función constitucional del ejército; el más profesional de América Latina”, según lo definían ingenuos dirigentes políticos de la Unidad Popular.

EL GOLPE

Los golpistas, envalentonados por la tibia reacción del gobierno frente a los sucesos de junio, reacomodan sus fuerzas. La embajada de los Estados Unidos toma parte activa; une militares, industriales, banqueros, transportadores, clérigos, dueños de los grandes medios (el diario el Mercurio juega destacado papel) periodistas, partidos políticos de oposición y de ulta-izquierda, personalidades, congresistas etc.; para dar el zarpazo final.

El 11 de septiembre lanzan su feroz arremetida, la aviación bombardea el Palacio de la Moneda, los Carabineros tomaban a sangre y fuego universidades, estaciones de radio, sedes de periódicos y canales de TV, fabricas y talles; El ejército disparaba contra indefensos transeúntes, allanaba residencias, oficinas públicas; encarcela y tortura opositores o sospechosos.de serlo.

El Estadio Nacional se convierte en terrorífico campo de concentración. Las fieras sedientas de sangre, la beben al por mayor. Allende resiste heroicamente en la Moneda, al notar que todo está perdido, pone a salvo algunos colaboradores para recibir luego las balas asesinas de los golpistas que le cegaron la vida. En mensaje  a la nación y al mundo profetizó: que la derrota del pueblo sería temporal.

El Estado de Derecho, adornado, embellecido, sublimado en mil formas por la burguesía, con la expresa intención de hacerlo digerible a las masas; quedó hecho trizas en Chile, el 11 de septiembre del 1973. La combinación de todas las formas de lucha que desde siempre practica la burguesía, no es simple palabrería.

Augusto Pinochet impuso un régimen de terror por 17 años. Con él se estrenaron las políticas neoliberales en el continente. Chile se convirtió en cabeza de playa para imponer dictaduras en el Cono Sur y desarrollar la lucha antisubversiva contra los movimientos revolucionarios a través del criminal “Plan Cóndor”.

Fueron múltiples las causas de la derrota del gobierno de Allende. Entre las principales están: la descarada intervención del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de Chile: el exagerado apego de Allende a la Constitución y la ley; las divisiones internas en el gobierno de la UP; el papel aventurero y provocador de la ultra-izquierda; el considerar al ejército por encima de la lucha de clases; la permanente debilidad del gobierno frente a los conspiradores nacionales y extranjeros; la falta de confianza en el pueblo que impidió armarlo; la errática conducción económica del país y la tolerancia con acaparadores y especuladores; el sectarismo y rivalidades entre comunistas y socialistas, que los fue aislando del entorno social chileno.

Viejos y nuevos revolucionarios debemos aprender de la lección chilena, máxime cuando los imperios tambalean en medio de la profunda crisis, en todos los aspectos, del sistema capitalista mundial y buscan salvarse invadiendo pueblos ricos en petróleo, recursos hídricos, maderables o minerales. Afganistán, Irak y el horror en Libia, nos lo recuerdan a diario. ¿Seguirán: Siria, Líbano, Irán, Venezuela o Cuba? En este campo nada es inexorable si los gobiernos y pueblos se preparan con antelación para resistir y vencer al
opresor.

FONTE: FARC

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